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Al hilo del pasado Día Internacional de los Bosques, cuyas acciones han sido canceladas dada la situación de emergencia sanitaria que vivimos, nos gustaría trasladar un mensaje positivo e invitar a la reflexión sobre el impacto que nuestros hábitos diarios tienen en la Tierra.

Y es que en medio de la crisis provocada por el COVID-19, el parón que está sufriendo la sociedad global deja ver a un claro beneficiario de esta pandemia: el medio ambiente. La quietud del ser humano ha dado espacio a la naturaleza para comenzar a regenerarse.

Las emisiones de gases contaminantes caen a niveles históricos por lo que la contaminación del aire es mucho menor, lo que afectará positivamente también a la salud de las personas, fauna y flora silvestre. Esto puede observarse en la imagen obtenida por la Agencia Espacial Europea (ESA) donde se aprecian los niveles de contaminación en marzo, con una visible diferencia.

Las aguas se están depurando y se van tornando cristalinas como en los canales de Venecia, dónde han regresado los peces e incluso se han visto delfines.

El canto de los pájaros es más notable que nunca debido a la reducción de la contaminación acústica y los animales pasean tranquilos por el terreno cedido por el ser humano.

En palabras de Dafna Nudelman, especialista en sostenibilidad y activista por el consumo responsable:

"El coronavirus ayuda a entender el impacto de la responsabilidad individual en la sociedad. De la misma forma en que la gente se lava las manos o toma distancia social para combatir el virus, el hecho de adoptar hábitos sostenibles tiene un efecto acumulativo y fundamental en el medio ambiente. Es la falacia del granito de arena: muchas veces nuestras acciones pueden parecer insignificantes, pero en momentos como este nos damos cuenta de que tienen un impacto real".